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Hablar de sexo sigue siendo un tema difícil en muchos espacios. A veces por vergüenza, a veces por desinformación o por miedo al juicio. Pero el sexo, como parte de la vida, merece ser abordado desde la libertad, el placer y el respeto. Este artículo es una invitación a dejar los tabúes atrás y empezar a hablar claro.

¿Por qué seguimos teniendo tantos tabúes?

La sexualidad ha estado históricamente cargada de silencios, mitos y prejuicios. En muchas familias y escuelas, se evita hablar del tema o se hace de forma moralista, enfocándose solo en los riesgos: embarazos no deseados, enfermedades o peligros. Pero rara vez se habla del sexo como algo positivo, como una dimensión más del bienestar personal y relacional.

Organizaciones como SEDRA – Federación de Planificación Familiar o la Fundación Sexpol insisten en la necesidad de una educación sexual integral que incluya también el deseo, el placer, el consentimiento y la diversidad.

El placer es un derecho

Así como tienes derecho a la salud o a la educación, también tienes derecho al placer. Esto no significa “tener sexo porque sí”, sino reconocer que disfrutar del propio cuerpo, conocerlo, explorar el deseo, es parte de tu salud sexual.

El Centro Joven de Atención a la Sexualidad (CJAS) lo explica muy bien: la sexualidad no empieza ni termina en la penetración, ni está centrada en una sola forma de relación. Implica emociones, vínculos, comunicación, respeto mutuo y autoconocimiento. El placer no es solo genital: también es afectivo, mental, sensorial.

Romper con ideas como que el sexo debe doler la primera vez, que solo se disfruta si se llega al orgasmo, o que el placer es algo “sucio” o “inmoral”, es parte del camino hacia una sexualidad más libre.

El consentimiento: sin sí, es no

Hablar de consentimiento no es una moda, es una necesidad. Significa que todas las personas involucradas en una interacción sexual deben estar de acuerdo, con claridad, libertad y sin presiones.

Consentir no es “no decir que no”: es decir claramente que sí, con entusiasmo. Y no vale un sí forzado, por miedo o por presión. Tampoco es un sí que diste una vez y ya sirva para siempre. El consentimiento se puede retirar en cualquier momento, aunque ya se haya empezado.

En España, desde la reforma legal conocida como la Ley del solo sí es sí, el consentimiento explícito se ha situado en el centro del debate. Esta ley reconoce que el silencio o la pasividad no pueden interpretarse como consentimiento, y que solo una aceptación libre y clara puede validarlo.

Educación sexual que sí sirve

Muchos jóvenes dicen que su educación sexual fue escasa, poco útil o centrada solo en lo biológico. La educación sexual integral, como recomienda la UNESCO, debe ir mucho más allá: incluir el placer, la gestión de emociones, las relaciones saludables, los cuerpos diversos, la orientación sexual y el respeto.

Proyectos como el Escape Room “El Laberinto de la Salud Sexual” o el espacio Aquí sí se habla, promovidos por organizaciones como la Asociación Interterritorial de Derechos Sexuales y Reproductivos o SEDRA, demuestran que es posible aprender sobre estos temas de forma cercana, participativa y sin juicios.

Además, en el podcast Conversextion puedes escuchar voces jóvenes hablando de masturbación, placer, disfunciones sexuales, relaciones tóxicas, cuerpos diversos o consentimiento, desde experiencias personales y reflexión colectiva.

¿Cómo hablar de sexo sin incomodidad?

  • Infórmate: hay libros, podcasts, cuentas de Instagram como @theconversextion o materiales de SEDRA y CJAS que explican con claridad y respeto.

  • Habla con tus amistades: romper los silencios también es cuidarse entre pares.

  • Respeta los ritmos: no todo el mundo está listo para hablar o vivir su sexualidad de la misma forma. No presiones.

  • Escucha y aprende: muchas personas han vivido experiencias dolorosas o han sido educadas en entornos muy rígidos. Escuchar sin juzgar también es parte del cambio.

No todo vale: reconocer violencias

No hablar de sexo también favorece que se normalicen situaciones de violencia. Desde la presión para tener relaciones, el chantaje emocional, el uso de pornografía sin consentimiento, hasta el rechazo de métodos anticonceptivos. Todas son formas de vulnerar el derecho al consentimiento y al bienestar sexual.

Identificar estas situaciones y nombrarlas es un primer paso. Existen recursos como el servicio de atención a víctimas de violencia sexual del Ayuntamiento de Madrid o los servicios confidenciales del CJAS.

Entonces, hablar de sexo sin tabúes es una herramienta de libertad. Es reconocer que tienes derecho a disfrutar, a decir no, a informarte y a decidir cómo y con quién. El placer no es egoísmo. El consentimiento no es opcional. Y la educación sexual, bien hecha, es una forma de cuidarte y cuidar a quienes te rodean.

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